"Enrique Lihn primero fue pintor, por eso se encontró de forma natural con la fotografía y el cine, que a su vez se relacionan con lo que se escapa al lenguaje. Trató de usar el lenguaje verbal precisamente para encontrar eso fugitivo de la imagen. Por otro lado, su mundo siempre gravitó en torno al momento previo a su nacimiento, el siglo XIX, que con su promesa de modernidad le resultaba deslumbrante. Este libro aborda con generosidad y precisión estas dos cuestiones, e ilumina vías de pensar radiantes en todos los sentidos". Roberto Merino.
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