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Me interesa la observación de la mirada propia de la memoria y los sentimientos. En el caso de El libro de la tristeza, la interpretación de un sentimiento humano común como algo concreto, que en lugar de definirnos por completo se presenta en una narrativa -con una motivación e identidad propias- simplemente como una parte existente de uno. Me gusta seguir mi curiosidad sin cuestionarla demasiado. Mientras trabajaba en mi novela gráfica autobiográfica Gay Gigante comencé a pintar en tiempos de descanso un universo de formas y abstracciones coloridas. Lo veía como un ejercicio automático que me daba alegría para contrarrestar los momentos más pesados y abrumadores de estar trabajando con recuerdos personales dolorosos por primera vez. Un año más tarde esta colección de color y forma se transformó espontáneamente en una suerte de alfabeto para poder describir algo tan ambiguo y presente como la tristeza sin temerle ni demonizarla, sino todo lo contrario.

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Gabriel Ebensperger
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